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COVID-19: Claustrofobia durante la cuarentena

"Ahora muchos han entregado la vida y partieron a la eternidad, dejando un inmenso vacío en nuestros corazones".

|ETCÉTERA.PE|: De pronto todo se convirtió sombrío e incierto para todos, empezaba la cuarentena con la frase «quédate en casa», salir se hizo casi prohibido, las fuerzas armadas y policiales en las calles «cuidándonos».

Así se iniciaba el gobierno, la guerra contra un enemigo invisible (COVID-19), al frente de batalla estaban nuestros viejitos, aquellos que con orgullo y añoranza veían nuestro crecimiento personal, la amenaza directa era contra ellos, ahora muchos han entregado la vida y partieron a la eternidad, dejando un inmenso vacío en nuestros corazones, cuando generalmente a la guerra van los jóvenes, pero esta vez, era lo contrario, la partida del veterano de la casa, aquel hombre / mujer de muchas batallas, se marchaba sin despedirse, nos han abandonado, muchas veces a causa de un hijo/a irresponsable, por su estúpida negligencia llevando arteramente al enemigo a casa.

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Amigos en este mi aislamiento que dura hasta hoy, al leer las noticias que la vacunación avanza ya casi al 12% en nuestro país es alentador. Para esta fecha 19 de julio del 2020 leía las noticias de como el pueblo vietnamita de 95 millones de habitantes, tenía poquísimos contagiados de covid-19, era admirable saber de esa gente disciplinada, mientras tanto que en Estados Unidos, Inglaterra, España e Italia, pasaban momentos muy dolorosos.

Esto me llevaba a imaginar como lograron vencer a Estados Unidos en una guerra, mi lectura pasada se volvía tan fresca como hoy, donde aquellos civiles sobrevivieron en túneles para evitar que una bomba estadounidense los matara, un ejemplo a seguir.

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Así seguramente muchos, que, si fueron conscientes de lo grave que es esta pandemia, siguen soportando en silencio esta crisis, teniendo la consigna que lo venceremos. Ahora salir sin mascarilla, abrir la boca o acercarse a alguien es muy grave y mortal, quien se imaginaría que un virus atacaría a la humanidad, se superaba la ficción.

Así pasan estos 15 meses de crisis; ir al mercado hasta hoy es un tremendo riesgo, recuerdo que, en la cuarentena ir a comprar pan caliente, era solo para valientes, de algunos que se arriesgaban, si, pocos se atrevían ir al centro de la ciudad.

La prensa y las redes con sus noticias elevaban nuestra preocupación, seguramente hasta al más recio de las personas fue doblegado por el miedo.

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Cada mañana antes yo escuchaba en la vecindad cantar a los gallitos – por cierto ya no escucho cantar a ninguno, eran cantos de alegría cada amanecer, quizás todos partieron en ese fatal destino del sacrificio para llenar el estómago de sus dueños.

El silencio reinó en la vecindad más de tres meses, veía el atardecer desde mi ventana y escuchaba las sirenas de la policía tan lejanas, seguro haciendo cumplir las restricciones, premonitoriamente como llorando la partida de alguien que cayó abatido por el enemigo.

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En el horizonte me imaginaba la playa bulliciosa y fría, seguramente recuperando su habitad los animales, recordaba sus olas blancas que me llamaba a la nostalgia, el sol por la ventana cada atardecer seguía su eterno camino hacia otros horizontes y nuevamente la noche perpetua.

Así imaginándome, pasaba despierto hasta las 2:00 a.m. mis lecturas jurídicas se volvían cada vez más interesantes y contrastando citas de páginas, casi decían lo mismo, mi critica en silencio era de lo más duro a algunos autores, solo la obras literarias de Gabriel García Márquez, calmaban mi claustrofobia.

Al amanecer esperaba alguna buena noticia alentadora, que la ansiada vacuna sea posible, que por cierto hasta julio de 2020 era aún lejana, adversa e incierta para la humanidad.

Cada mañana llamaba y escribía a mis entrañables amigos colegas abogados, algunos tan alegres como si nada, seguramente con el viernes santo por dentro, uno de ellos decía «más fe que miedo», otros muy preocupados hasta la exageración, solo quedaba estar sereno y firme.

El inclemente invierno estaba presente como hoy, el artero frio penetraba hasta los huesos, la lluvia y el sereno ahí cada mañana y al anochecer, tenía la esperanza que la curva se aplanara, pero exponencialmente los contagios se desbordaban y pasaba los 18 mil muertos en pocas semanas, sospechaba que en nuestra provincia de Barranca sucedería lo mismo y mi claustrofobia se intensificaba.

Todos del vecindario estábamos en silencio absoluto, solo miradas cómplices por la ventana, observaban a la gente pasar entre la cortina a algún transeúnte, hasta que una mañana; un osado comerciante con su triciclo lleno de papas, con música del grupo Néctar con su pregón y dijo, compre caserita 5 kilos de papa por S/ 10.00 soles!, a todos del barrio nos hizo regresar a la vida, nadie se acercó en el valiente vendedor, hasta que reí de buena gana, al saber que seguía vivo.

Hoy, a pesar de la crisis política y cambio de presidente, que han hecho mucho daño a nuestra patria las vacunas son una realidad, hay esperanza que muy pronto logremos inmunidad de rebaño para volver a nuestra vida de antes, quizás ya no sean los mismos, pero vamos en ese horizonte de lograrlo.

Por: Abogado, Froelin Huaranga Guzmán.


NOTA: “GRUPO ETC no es responsable bajo ninguna circunstancia por las declaraciones, comentarios u opiniones vertidas en la presente columna, siendo el único responsable el autor de la misma”.

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