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Lee la columna de Anthony Zorrilla: Son ciudadanos, no clientes

Esta nueva normalidad parece haber beneficiado solo al sector privado. Hay establecimientos del estado que cumplen la misma función que los negocios que han reabierto, pero están cerrados bajo la excusa de la pandemia.

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|ETCÉTERA.PE|: El 15 de marzo del nefasto 2020, el entonces presidente Martín Vizcarra decretó el estado de emergencia y aislamiento social obligatorio.

En aquel entonces muchos tomamos conciencia de la gravedad de la enfermedad que recién aquejaba al mundo y hubo cierto consenso en resistir hasta que la curva de contagios baje.

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Algunos ingenuos, incluyéndome, tuvieron la esperanza de que los contagios lleguen a cero. No fue así. Muchos sintieron miedo. No salían de sus casas, más que por acatar las indicaciones del gobierno, por miedo a contagiarse.

Cada día se registraban pacientes en camas de UCI y el sistema de salud colapsó.

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Ese colapso fue la principal causa de las muertes. Los médicos no se daban abasto para atender a tantos pacientes y se veían en la obligación de jugar a ser Dios. Decidir quién vive y quién muere.

Era aterrador pensar que aquella situación durara para siempre. La espera a que la crisis sanitaria termine era interminable. El encierro produjo que la población- y el estado- cobrara conciencia de un problema que ha sido sistemáticamente ignorado por todos: La salud mental.

Las series, películas y demás productos culturales contuvieron la ansiedad de los ciudadanos. Desde el estado, se habilitó la línea 113.
Varias de las actividades que la gente desarrollaba para cuidar su salud mental, como el deporte y la lectura en bibliotecas, no podían realizarse debido al riesgo de que la población se contagie.

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Estamos a menos de un mes de que se cumplan dos años del horrible contexto en el que nos encontrábamos y las cosas parecen haber mejorado.

PUEDES VER: Lee la columna de Anthony Zorrilla: Pedro Castillo quiere irse

No hace falta aislarse en casa, el estado de emergencia cesó y varios negocios pudieron reabrir sus puertas. Este logro es atribuible a las vacunas y al personal de salud que se encargó de aplicarlas.

Varias prohibiciones eran justificadas por la mortal primera y segunda ola que impedía la reactivación económica.

Esta nueva normalidad parece haber beneficiado solo al sector privado. Hay establecimientos del estado que cumplen la misma función que los negocios que han reabierto, pero están cerrados bajo la excusa de la pandemia.

En nuestra provincia, Barranca, se ha dejado sin funcionamiento la piscina municipal y la biblioteca pública.

¿Está justificado cerrar estos establecimientos para cuidar a la población del covid 19?

Analicemos. Para evitar contagiarse del coronavirus, el Minsa publicó una guía didáctica que se resume en evitar las 3 C: Espacios cerrados, lugares concurridos y encuentros cercanos.

Una biblioteca es un espacio cerrado. Una piscina mayormente está al aire libre, es un lugar concurrido y no necesariamente hay encuentros cercanos. Bajo esa premisa, estaría justificado su cierre y prohibición.

La biblioteca municipal sigue cerrada a pesar de los protocolos ya usados en el sector privado


Párrafos arriba mencionamos que la vacuna había hecho la diferencia entre la situación actual y la del principio de la pandemia. Estar vacunado no garantiza que una persona no pueda contagiarse, pero sí asegura que no genere un cuadro grave ni ocupe una cama de UCI.

Para muestra un botón, la curva de contagios tiene una tendencia al alza mientras que la curva de muertes se mantiene casi intacta.

Los hospitales no han vuelto a colapsar, que era la principal causa de la tragedia de la primera y segunda ola.

En ese sentido, está muy bien que las piscinas, librerías y bibliotecas privadas abran, pero se debe hacer lo propio con los mismos establecimientos estatales que promueven la lectura y el deporte.

Es inaudito que se limiten las actividades deportivas y culturales se limite a la gente que tiene plata. Se prefiere que las empresas brinden servicios recreativos, pero el estado incumple su deber de garantizar la salud mental- no solo física- de todos los peruanos.

Esta pandemia nos ha demostrado lo importante que es la salud mental. No basta con habilitar una línea telefónica. Es necesario que el estado cumpla con su deber de velar por el bien de todos los peruanos. Son ciudadanos, no clientes.

Por: Anthony Zorrilla Libias – Estudiante de Ciencias de la Comunicación.

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